Foto publicada en bienmesabe.org de la familia Pérez Santana, en La Angostura
La historia de Santa Brígida florece bajo nuestros pies. En La Angostura, durante buena parte del siglo XX, el cultivo de flores fue motor de progreso y una seña de identidad que aún hoy reconocemos como parte de lo que somos. En Ando Sataute queremos que la memoria de aquellas décadas vuelva a ser contada, valorada y convertida en oportunidad para el futuro. Porque aquello no fue solo agricultura: fue unión vecinal, ingenio y vida.
Desde los años 50 hasta finales de los 70, los huertos del barranco Guiniguada, corazón agrícola de La Angostura, se transformaron en un paisaje de claveles, crisantemos, calas y frisas. La tierra fértil, la luz y el agua del valle hicieron posible que decenas de familias satauteñas vivieran del cultivo ornamental, creando una economía local dinámica que llegaba hasta la capital insular.
Mujeres que sostuvieron una economía y una identidad
La historia la escribieron ellas. Las mujeres campesinas que cortaban, limpiaban, preparaban y cargaban los ramos para venderlos en mercados y casas de Las Palmas. A pie, con los hijos de la mano o a la espalda, y con jornadas extenuantes que comenzaban al alba.
Su trabajo, esencial para la vida de muchas familias, apenas quedó documentado en los registros oficiales. Aún así, los nombres permanecen en la memoria colectiva del barrio: Lucía Santana, Pino Sánchez Rodríguez, Chonita Vega y muchas otras que hicieron posible que Santa Brígida fuera conocida como la Villa de las Flores.
Plantación en Las Meleguinas. Foto: bienmesabe.org
El cambio llegó en 1970 con un curso del programa de Promoción Profesional Obrera (PPO), que permitió a catorce vecinos cualificarse en la plantación y el cuidado del clavel. La formación fue un impulso decisivo para la economía local. En 1973 hasta 40 familias vivían de estos cultivos y se contabilizaban más de 100.000 plantas en producción.
La Angostura se llenó entonces de conocimiento, esfuerzo compartido e ilusión por un porvenir mejor. Una tradición que sin embargo comenzó a apagarse, aunque no del todo
El paso del tiempo, las enfermedades de cultivo y la pérdida de rentabilidad hicieron que los huertos de flores fueran desapareciendo. Pero no se extinguió la voluntad de arraigo a la tierra. Hoy Santa Brígida vuelve a ver crecer la floricultura gracias a viveros, plantaciones especializadas y nuevos modelos de negocio que buscan mantener viva esta esencia.
La historia sigue presente en las calles de nuestro municipio, dejándose ver por ejemplo en las numerosas referencias florales que existen en el callejero satauteño, herencia de aquellos vecinos que dejaron su huella indeleble en la ciudad.
Desde Ando Sataute creemos que aquí hay una oportunidad para seguir construyendo futuro. Apostar por el sector primario es reforzar nuestra identidad, dinamizar nuestra economía y generar empleo verde y sostenible.
Defender la memoria, impulsar el porvenir
En Ando Sataute, nuestro compromiso con la ciudadanía satauteña incluye cuidar lo que nos define como pueblo. Por eso reivindicamos la historia de estas mujeres valientes como ejemplo y semilla de nuevas iniciativas que unan sostenibilidad, tradición e innovación.
Lavanderas en La Angostura a mitad del siglo XX. Foto: binemesabe.org
Ando Sataute seguirá trabajando, desde el gobierno municipal y junto a nuestros vecinos y vecinas, para que Santa Brígida continúe siendo tierra fértil donde la vida prospere y donde las flores sigan diciendo quiénes somos.
Va por ellas. Por lo que fuimos. Y por lo que aún podemos volver a florecer.
Artículo inspirado en el trabajo del Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida, Pedro Socorro, publicado en la revista digital bienmesabe.org de la Asociación cultural que lidera el filólogo Juan Perera. Muchas gracias por su apoyo en este texto.
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