Restos de poda de palmeras retirado de Las Meleguinas en 2025
Santa Brígida es uno de los municipios con mayor valor ambiental y paisajístico de Gran Canaria. Sus palmerales, acebuches, dragos, encinas (belloteros o avellaneros, como aquí los llamamos), almendreros, barrancos, viñedos y medianías conforman un paisaje único que forma parte de la identidad de la Villa. No es casualidad que buena parte de sus calles lleven nombres de árboles, flores y plantas: la naturaleza siempre ha sido inseparable de nuestra historia y de nuestra forma de entender el territorio.
Poda de palmeras en Las Meleguinas en 2025
Pero ese privilegio implica también una enorme responsabilidad.
La mayor parte de las viviendas del municipio se encuentran en la denominada interfaz urbano-forestal, donde el monte y las zonas habitadas prácticamente se funden. Barrios como Tafira, Pino Santo, Gamonal, La Atalaya, Las Meleguinas, La Angostura y numerosos asentamientos dispersos comparten una misma realidad: vivir rodeados de naturaleza supone una calidad de vida excepcional, pero también una mayor exposición al riesgo de incendios forestales.
Los incendios sufridos por Gran Canaria en 2007, 2017 y, especialmente, en 2019 demostraron que ya no hablamos de episodios excepcionales. La combinación de sequías prolongadas, olas de calor y vegetación cada vez más seca favorece incendios de gran intensidad. La crisis climática está aumentando su frecuencia y gravedad. Negar esa realidad no reduce el riesgo; prepararnos para convivir con ella sí.
Desde ANDO Sataute creemos que la respuesta debe comenzar mucho antes de que aparezca la primera llama.
La prevención no depende únicamente de los medios de extinción, locales e insulares, que han mejorado notablemente. También depende de cómo cuidamos nuestro entorno durante todo el año.
Cada propietario tiene un papel fundamental. Mantener limpias las parcelas —especialmente los 15 metros alrededor de las viviendas—, retirar la vegetación seca, podar correctamente árboles y palmeras, evitar acumulaciones de leña o restos de poda y respetar las alertas y restricciones durante los periodos de máximo riesgo son medidas sencillas que pueden salvar viviendas y facilitar el trabajo de los equipos de emergencia.
La autoprotección no es una opción; es una responsabilidad ciudadana
También es necesario combatir algunos de los bulos que cada verano vuelven a difundirse. No es cierto que la legislación impida limpiar el monte: la normativa permite y fomenta desbroces, podas y tratamientos selvícolas con criterios técnicos y ambientales. Tampoco es cierto que proteger los espacios naturales provoque incendios. La conservación del patrimonio natural es perfectamente compatible con una gestión forestal activa.
José Armengol visita la restauración de fincas realizadas durante el mandato 2015-19 por el ayuntamiento presidido por ANDO Sataute
Otro error frecuente consiste en pensar que todo se soluciona «limpiando el monte». Los grandes incendios responden a múltiples factores: el abandono de muchas zonas agrícolas, la acumulación de combustible vegetal, las condiciones meteorológicas extremas y la creciente presencia de viviendas en la interfaz urbano-forestal.
Precisamente por ello, recuperar el paisaje agrícola tradicional constituye una de las mejores herramientas de prevención.
Santa Brígida no es un paisaje natural en estado salvaje. Es el resultado de siglos de convivencia entre las personas y la naturaleza. Generaciones de agricultores modelaron el territorio mediante bancales, muros de piedra seca, acequias, viñedos, frutales y huertas. Ese paisaje cultural era también un paisaje más seguro: las fincas cultivadas y los espacios abiertos rompían la continuidad de la vegetación y actuaban como cortafuegos naturales.
El abandono progresivo del campo ha aumentado la continuidad del combustible vegetal alrededor de muchos núcleos de población. Por ello, apoyar a quienes mantienen viva la agricultura no es solo una política económica o patrimonial; es también una inversión en seguridad colectiva. Cada finca recuperada, cada viñedo cultivado y cada bancal conservado contribuyen a construir un territorio más resistente al fuego.
Desde ANDO Sataute defendemos un paisaje resiliente que combine naturaleza, agricultura, gestión forestal, planificación urbanística y conciencia ciudadana. Valoramos iniciativas como el Céntimo Forestal impulsado por el Cabildo de Gran Canaria, destinado a financiar actuaciones para crear paisajes más seguros y restaurar ambientalmente las zonas más sensibles del territorio.
También apoyamos campañas permanentes de sensibilización, como Gran Canaria Mosaico; la educación ambiental y la prevención de incendios en los centros educativos; jornadas de formación para la vecindad; ayudas para la limpieza de parcelas y el mantenimiento de fincas; la colaboración con agricultores y propietarios; y la actualización permanente de los planes de prevención, las franjas de seguridad y las infraestructuras de defensa frente a los incendios.
La protección del paisaje comienza también con pequeños gestos cotidianos: no abandonar residuos en el campo, evitar cualquier actividad que pueda generar una chispa durante los periodos de riesgo y respetar las restricciones cuando se activan las alertas.
Santa Brígida siempre ha sido conocida como la Villa de las Flores. Hoy queremos que sea también un referente en cultura ambiental, prevención y resiliencia frente a los incendios forestales.
Porque cuidar el paisaje es cuidar nuestro hogar.
Porque proteger nuestros bosques significa proteger a quienes viven junto a ellos.
Y porque la mejor emergencia es aquella que nunca llega a producirse gracias al compromiso colectivo de toda la ciudadanía.
La mejor política contra los grandes incendios comienza mucho antes de que se declare una emergencia. Comienza manteniendo vivo el paisaje que durante siglos protegió a Santa Brígida.
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